Abrió los ojos y estaba parada junto la ventana de todos los días.
Había dormido de pie esperando a que llegase lo que anhelaba hace tanto tiempo por ahí. Que la rescatasen. Pero siempre aparecía su hermana por la puerta llevándola a lo contrairo de lo que quería. La arrastraba para el lado de los humanos, no al que ella había forjado por tanto tiempo ya. Si, 13 años eran poco para muchos pero no fueron 13 años de estupidez humana fueron grandiosos años de aprendizaje, de adquirir sabiduría. Aunque evidentemente se le habían olvidado sya muchas costumbres normales como mirar a los ojos cuando se habla, o al ver a alguien con frío tenderle una manta, pero de eso se encargaría ya luego. Vendría una nueva etapa en el manicomio que la había inscrito su hermana.-Se ha vuelto predecible su forma de actuar, ya 13 años con ella me han servido para saber incluso lo que hará en el futuro, pero no desperdiciaré mi tiempo en ella, hay cosas más importantes por ahora-. Debía pensar en que careta tomar para el día en que estuviese cara a cara con el psiquiatra.
-Definitivamente si quiero permanecer ahí debo tener una actitud "Loca", pero no imcomprensible, presisamente lo que quiero es traerlo a mi lado, a nustro lado-.
Siempre pensó que los psiquiatras podían ser un gran aporte a su comunidad, pero se desperdiciaban con su profesión. Perdían el objetivo de sus vidas, se volvía solamente una rutina más que cumplir. Perdían toda felicidad que les rodiara.
Esa era su misión, pensaba ella, el concientizar a quienes están sobre esta tierra. Que entiendan de una ves que la arma más poderosa e inutil que hay es la estupidez.
Así es que pensó lo muy interesados que estaban los psiquiatras con alguien que pareciera superior que ellos, y que tuviera fundamentos en sus creencias.
-Sí le digo que vengo de otro planeta y le justifico la forma en que llegué acá y oculto mi pasado diciendo que es información confidencial, no habrá problema inicialmente. De todos modos ellos creen lo que quieren creer, yo sólo soy la encargada de mostrarle las posibilidades-.
Sus pensamientos se interrumpieron abruptamente con un "Vendrá mi hermana a la habitación", al terminar de decirse esto la puerta se abrió y la hermana le miraba con cierto desconcierto.Estás lista, Ágata?. Respondió de la manera en que solía hacerlo. Sin decir ni hacer nada. Y sabía que su hermana tomaba esto como una afirmación, es más podría incluso decir que no y su hemana de todos modos la llevaría, así que no había necesidad de palabras.
La tomó del brazo con delicadeza y la acompañó a su auto. La sentó en el asiento trasero mientras ordenaba un par de maletas con cosa básicas para su estadía (De hecho guardó todas y cada una de las cosas de la niña, a estas alturas no quería saber ya más de ella).
-Este es el comienzo. Adiós ventana querida, espérame intacta, porque volveré algún día por tí, por las esperanzas que me has dado hasta el día de hoy, por la sabiduría que me has brindado. Espérame...-
Y su hermana entró, hizo contacto con las llaves e hizo partir el vehículo.
-Iremos derecho por esta avenida, se detendrá en una bencinera, comprará cigarrillos, conversará con un tipo que estará afuera del local fumando y le dará su número telefónico. A la noche mi pieza estará ocupada con ellos dos sobre mi cama-.
Realmente le entretenía el saber lo que haría su hermana, le gustaba observar la estupidez humana, es más, la entendía, pero no la sentía dentro de sí.
Así fue el trayecto al manicomio, hicieron una parada, su hermana compró cigarros, se encontró con un hombre afuera y le dio su número de teléfono. Luego entró al automóvil y aumentó la velocidad para llegar luego al bendito lugar.
No tardaron mucho en llegar, cuando lo hicieron un par de enfermeras les esperaban en la entrada. Tomaron de la maño a Ágata y la acompañaron a la oficina del médico.
Sentía un ambiente completamente distinto, era algo que la conmovía, sentía un calor junto a su débil cuerpecito. Por primera ves vió el calor humano.
-En un tiempo más lo entenderé. El gusto por las caricias, los abrazos y los te quiero. Pero ahora viene lo más importante, la prueba de fuego-.
Y pasó por un pasillo que le recordó por un segundo a Isabela. Un día llegó a la casa con ese olor. Ya sabía que el momento se acercaba.
En esto una de las enfermeras golpeó una puerta, obteniendo por respuesta un "Adelante". Así es abrió y entró a la habitación.
Revisó unos papeles que tenía obre un desordenado escritorio y le dijo:
-Bienvenida, Ágata.
A lo que la pequeña no respondió con nada.
-Cuéntame, cómo llegaste hasta acá?
-Fue un proceso de un par de años, mi ventana me había preparado para esto.
-Y tu ventana te trajo hasta acá?
-Cree que las ventanas hablan hoy en día y además tienen pies para transportar a la gente? No, fue mi hermana Isabela. Quería deshacerse de mí. Le soy un estorbo dentro de sus planes.
-Por qué crees eso?
-Porque lo dice ella. Y yo lo creo así.
-Tú la quieres a ella?
Se quedó pensando esta pregunta... -¿La quería?, por supuesto que la quería. Era mi sustento. Sin ella no tendría un techo estable ni comida cada cuatro horas-. Pero no era eso a lo que se refería aquel hombre.
-Ágata, la quieres?
-Me da lo que necesito.
-Cómo te llevas con ella?
-Me llevo de la manera más favorable para ambas. Nuestra relación es muy especial. No nos hablamos pero sabemos muy bien lo que hará la otra. Yo sé que en este momento ella está aspirando heroína en su automóvil preparándose para esta noche, y ella sabe que yo estoy hablandole de ella a usted, aunque no le de importancia.
-Ella te obligó a venir aquí?
-No, yo la obligué a que ella quisiera traerme aquí. Y a usted doctor, quién lo obliga a estar aquí?
-No, a mi no me obligan. Yo estoy porque me gusta mi trabajo.
-Por qué decidió trabajar en ... -miró a su alrededor y prosiguió-, este lugar?
-Me gusta ayudar a la gente con sus problemas. Ellos saben que en mí encuentran una solución a lo que ellos preguntan.
-Y usted les da la respuesta?
-Les damos lo que necesitan.
-No ha respondido mi pregunta, doctor.
Y le miró con una sonrisa que convencía a todo quien la viera.
-Eres un encanto. Ahora la señorita que te trajo hasta acá te va a mostrar tu nueva pieza. Vas a estar acompañada de mucha gente ahí. No estarás nunca más sola.
-Un poco de gente sabia no me haría mal-. Así es que la enfermera la tomó de la mano y la dirigió a lo que sería su nuevo hogar.
