viernes, 15 de febrero de 2008
XI
-y ¿Qué quieres que te explique?- musito el anciano que no desviaba su vista del peral.
-quiero que me expliques quien eres, y que haces aquí-
-¡vaya!, pensé que eras de esas mujercitas que no necesita explicaciones, de esas que se conforman con acciones y sus propias cavilaciones- el anciano sonrió- mira, si hasta me salio verso-
-no estoy para payasadas… y si… o sea… ¡ah!- Ágata se restregó la cabeza frenéticamente- me ha confundido entera- tomo un suspiro- a lo que voy es que el “Doctor” me dijo que usted no era quien aparentaba, y quiero saber que esconde…-
- la curiosidad mato al gato, ágata-
- pero el asombro lo revivió, señor-
-no te puedo dar las cosas tan fáciles, querida… así no funciona este mundo.
- y para que adaptarse a la rutina, ¡que aburrido!
- no me refiero al mundo de afuera… sino a este, cariño.- la miro directo a los ojos y recién ahí ágata se percato de que eran profundos y delicados, vidriosos y suspicaces como los de un gato en frente de una presa jugosa, entonces supo que en algo tenia razón el doctor, el anciano no era un simple ser inofensivo- además esta rutina me ha servido.
-¿servido para que?
- las respuestas te las iras ganando sola-
-es que…- replico con tono infantil.
- has visto lo lindo que es este peral- el viejo volvió la vista hacia arriba y ágata en un acto de inercia hizo lo mismo: vio ramas, pajaritos, nidos… sus gélidos adentros se enternecieron en ese instante, la curiosidad le asalto: quería saber que había mas arriba.
Casi adivinando las intenciones de la niña, el anciano agregó:
-ve ágata, aquí nadie viene, y te aseguro que cualquier castigo lo vale- ella lo miro con algo de recelo, para ver si veía algo de maldad en sus facciones, pero solo se encontró con una sonrisa afable y una mirada tranquila.
Sin pensarlo más comenzó a subir con esa agilidad que le otorgaba su menuda figura, el contacto con la madera la relajaba, y el olor que expelía ese árbol le hacia pensar en las cosas mas lindas que jamás conoció. Llego hasta la mitad y encontró una rama en la que podía sentarse. Se acomodo lo mejor que pudo y alzo su cabeza dejando que los rayos de sol que se colaban por entre las ramas le acariciaran cada espacio de su piel, cada fibra de su cabello -¡que bien se siente- pensó, pero entonces se recordó que no estaba sola. Miro hacia abajo y se dio cuenta que el anciano ya no estaba:
- vaya, que esperabas ¿Qué estuviera abajo listo para atajarte si caías?- suspiro- que va, puedo quedarme aquí un momento mas, en tranquilo y puedo reflexionar- cerro los ojos nuevamente y se quedo con el simple sonido del viento ultrajando las hojas que caían muertas. Sin quererlo comenzó a tararear la melodía que estaba escuchando el anciano cuando lo vio por vez primera… estaba en esa absoluta tranquilidad cuando algo la incomodo, algo le obligo a abrir los ojos, lo primero que vio fueron hojas y nada mas que hojas, pero tenia esa incomoda sensación de que observaban. Entonces cayó en la cuenta de que estaba sobre el peral que se veía desde la ventana de su habitación. Miro hacia atrás lentamente, y se encontró de lleno con esos ojos verdes, profundos, sin vida. Un escalofrío invadió su cuerpo:
-¿qué haces sobre mi peral?- pregunto su interlocutora con ese tono lánguido y agudo que la caracterizaba.
-pues… no sabía que era tu peral…- contesto ágata con su mejor voz y haciéndose un poco hacia atrás, ya que estaba a unos 2 metros de la niña, y de ahí sentía ese frío que ella expelía-
- has hecho mal, ágata… muy mal- y en un acto brusco la niña hizo como que se lanzaba sobre ágata, quien para esquivarla se hecho hacia atrás con la misma brusquedad que su acompañante, apoyando mal el pie, perdiendo el equilibrio y cayendo desde lo alto del árbol.
La niña que nunca había saltado de la ventana se la quedo mirando desde arriba, riendo amargamente:
-¡eres una tonta!- fue lo ultimo que ágata le escucho, después todo era borroso y pasaba como en cámara lenta.
 
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domingo, 10 de febrero de 2008
X
Salió de la habitación y comenzó su andanza sin rumbo por entre los pasillos. Una recelada caminata, alerta a cualquier paso en falso cometido por otros. Pensaba en la mirada de su compañera de cuarto y sentía unos escalofríos terribles que le invadían el cuerpo entero. ¿Era posible que una niña como ella terminara aquí?, una pobre tipa amargada, preocupada más por las acciones del resto que las suyas propias. –una fracasada de la vida- pensaba Ágata mientras vagaba por el hospital psiquiátrico.
Estaba en estos pensamientos cuando sin notarlo llega a esa puerta que le era conocida, aquella donde tuvo su primera conversación con un doctor.-Doctor, que descaro el sumarse un par de grados por el simple hecho de ser médicos. Deberían darles algún tipo de sanción por hacerlo-musitó sin notar que por sus espaldas se abría la puerta en donde el hombre de imponentes anteojos le tomarçia de sorpresa el hombro a Ágata.
-¿Puedes entrar a mi oficina, por favor?
-Claro Señor.
Entraron y se sentaron en unas sillas que les dejaban frente a frente.
-Así que, ¿Es eso es lo que opinas de los médicos?
-¿Me ha oído?
-Creo que si quieres pensar deberías hacerlo en voz baja.
-Mi intención no era ocultarlo, no está mal que diga la desfachatez que comete usted al hacerse llamar por Doctor, ¿No lo cree?
-Para nada, al contrario está muy bien que me digas esto, tomando en cuenta que no te habías comunicado mucho hasta ahora.
-Tengo mis motivos.
-Cuéntame un poco más de eso.
-En mis 13 años de vida no he hablado más que conmigo misma. He tenido suerte al haber encontrado un par de libros en mi habitación para leer en mi tiempo libre que, créame, no escaseaba.
-¿Te gusta la lectura?
-Sólo a un imbécil no le gustaría.
-¿Y qué clase de libros te agradan?
-Todo aquel que tenga un comienzo, desarrollo y final. No se debe ser exigente con los pobres escritores ya que no son más que eso, sólo gente que necesita dinero y escribe para “ganarse” el pan diario. En algún lado leí que no había que creer lo que se lee… Y no le creí. Lo imperdonable es no sacar conclusiones de lo que se lee o criticar las historias.
-En mi adolescencia tenía como hobby la escritura pero nunca lo tomé realmente en serio.
-¿Y por qué no?
-Creía que podía ganarme el pan de otra manera.
-Al parecer es de andar por el camino difícil.
-¿Por qué lo crees?
-Cualquier otro hubiera preferido escribir boberías antes de estar en la universidad 10 años.
-¿Tú qué hubieras preferido?
-Entre escritora o psiquiatra…prefiero ser yo.
-No era una de las opciones.
-Que no me la hubiese dado usted no significa que no estuviese.
-Cierto.
-...¿Me llamo a su oficina sólo para conversar de esto?
-De hecho era por algo más serio. El otro día tu hermana vino a visitarte, por lo que me contaron, y te entregó un pequeño paquete, el cual guardaste rápidamente como queriendo ocultarlo. Dime Ágata, ¿Qué había en ese paquete?
-Algo que ya no existe.
-¿Qué hiciste con ella?
-Lo que debía hacer.
-Si tienes algo que contarme antes de cualquier castigo te sugiero que me lo digas ahora.
-Hablaré cuando tenga algo que decir.
-Ágata, las cosas no son tan simples como parecen…
-Las cosas son como usted quiere verlas. Para mi eso no significaba nada e hice lo que haría con algo insignificante, simplemente desecharlo, ¿O acaso creía que sería capaz de consumir esa cosa?
-No lo sé, dímelo tú.
-Veo que los sarcasmos no son lo suyo.
-Está bien, pero… ¿Dónde lo “desechaste”?
-¿Quiere ir a buscarla?
-No, es sólo que quiero corroborar si lo que dices es cierto o no.
-Yo le creía más imbécil, con todo respeto. Si lo que busca es mi confianza deberá ganársela.
-¿Y cómo puedo hacer eso?
-A usted le gusta el camino difícil, supongo que deberá averiguarlo de otra manera que no sea preguntándomelo.
-Si eso es lo que quieres entonces lo haré así. Ahora ya puedes retirarte, pero antes debo advertirte sobre el anciano con el que haz entablado conversaciones… no es lo que aparenta.
-Nadie lo es, bienvenido a la vida.
Y se puso de pie dispuesta a buscar al único con quién podría hablar dejando de lados los rodeos.-Si el abuelo tiene algo que explicarme de esto, supongo que tendré que preguntarle-. Y emprendió camino en busca del anciano de Beethoven como se había acostumbrado a llamarle en sus pensamientos.
 
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