Salió de la habitación y comenzó su andanza sin rumbo por entre los pasillos. Una recelada caminata, alerta a cualquier paso en falso cometido por otros. Pensaba en la mirada de su compañera de cuarto y sentía unos escalofríos terribles que le invadían el cuerpo entero. ¿Era posible que una niña como ella terminara aquí?, una pobre tipa amargada, preocupada más por las acciones del resto que las suyas propias. –una fracasada de la vida- pensaba Ágata mientras vagaba por el hospital psiquiátrico.
Estaba en estos pensamientos cuando sin notarlo llega a esa puerta que le era conocida, aquella donde tuvo su primera conversación con un doctor.-Doctor, que descaro el sumarse un par de grados por el simple hecho de ser médicos. Deberían darles algún tipo de sanción por hacerlo-musitó sin notar que por sus espaldas se abría la puerta en donde el hombre de imponentes anteojos le tomarçia de sorpresa el hombro a Ágata.
-¿Puedes entrar a mi oficina, por favor?
-Claro Señor.
Entraron y se sentaron en unas sillas que les dejaban frente a frente.
-Así que, ¿Es eso es lo que opinas de los médicos?
-¿Me ha oído?
-Creo que si quieres pensar deberías hacerlo en voz baja.
-Mi intención no era ocultarlo, no está mal que diga la desfachatez que comete usted al hacerse llamar por Doctor, ¿No lo cree?
-Para nada, al contrario está muy bien que me digas esto, tomando en cuenta que no te habías comunicado mucho hasta ahora.
-Tengo mis motivos.
-Cuéntame un poco más de eso.
-En mis 13 años de vida no he hablado más que conmigo misma. He tenido suerte al haber encontrado un par de libros en mi habitación para leer en mi tiempo libre que, créame, no escaseaba.
-¿Te gusta la lectura?
-Sólo a un imbécil no le gustaría.
-¿Y qué clase de libros te agradan?
-Todo aquel que tenga un comienzo, desarrollo y final. No se debe ser exigente con los pobres escritores ya que no son más que eso, sólo gente que necesita dinero y escribe para “ganarse” el pan diario. En algún lado leí que no había que creer lo que se lee… Y no le creí. Lo imperdonable es no sacar conclusiones de lo que se lee o criticar las historias.
-En mi adolescencia tenía como hobby la escritura pero nunca lo tomé realmente en serio.
-¿Y por qué no?
-Creía que podía ganarme el pan de otra manera.
-Al parecer es de andar por el camino difícil.
-¿Por qué lo crees?
-Cualquier otro hubiera preferido escribir boberías antes de estar en la universidad 10 años.
-¿Tú qué hubieras preferido?
-Entre escritora o psiquiatra…prefiero ser yo.
-No era una de las opciones.
-Que no me la hubiese dado usted no significa que no estuviese.
-Cierto.
-...¿Me llamo a su oficina sólo para conversar de esto?
-De hecho era por algo más serio. El otro día tu hermana vino a visitarte, por lo que me contaron, y te entregó un pequeño paquete, el cual guardaste rápidamente como queriendo ocultarlo. Dime Ágata, ¿Qué había en ese paquete?
-Algo que ya no existe.
-¿Qué hiciste con ella?
-Lo que debía hacer.
-Si tienes algo que contarme antes de cualquier castigo te sugiero que me lo digas ahora.
-Hablaré cuando tenga algo que decir.
-Ágata, las cosas no son tan simples como parecen…
-Las cosas son como usted quiere verlas. Para mi eso no significaba nada e hice lo que haría con algo insignificante, simplemente desecharlo, ¿O acaso creía que sería capaz de consumir esa cosa?
-No lo sé, dímelo tú.
-Veo que los sarcasmos no son lo suyo.
-Está bien, pero… ¿Dónde lo “desechaste”?
-¿Quiere ir a buscarla?
-No, es sólo que quiero corroborar si lo que dices es cierto o no.
-Yo le creía más imbécil, con todo respeto. Si lo que busca es mi confianza deberá ganársela.
-¿Y cómo puedo hacer eso?
-A usted le gusta el camino difícil, supongo que deberá averiguarlo de otra manera que no sea preguntándomelo.
-Si eso es lo que quieres entonces lo haré así. Ahora ya puedes retirarte, pero antes debo advertirte sobre el anciano con el que haz entablado conversaciones… no es lo que aparenta.
-Nadie lo es, bienvenido a la vida.
Y se puso de pie dispuesta a buscar al único con quién podría hablar dejando de lados los rodeos.-Si el abuelo tiene algo que explicarme de esto, supongo que tendré que preguntarle-. Y emprendió camino en busca del anciano de Beethoven como se había acostumbrado a llamarle en sus pensamientos.
