Soltó a su nuevo compañero, y dio media vuelta. Tenía algo en sus ropas interiores que le perturbaba:
-Isabela y sus estupideces, no puede verme tranquila- refunfuñaba mientras palpaba la pequeña bolsita- estoy segura que me quiere poner en aprietos, pero no lo lograra…
Llego a su habitación donde solo se encontraba una de las niñas mirando el peral antes descrito a través de la ventana. No presto mayor atención a la llegada de ágata, estaban más interesantes sus cavilaciones al parecer:
-mejor así- se dijo para sus adentros y se dispuso a sacar la “pequeña felicidad” de su hermana, lo rajo por arriba y comenzó a vaciarlo por todos los rincones de la habitación (en realidad no era tanto polvillo, así que se disipo raudamente con el viento que corría en esas fechas).
– Ya esta, ahora que se joda- susurro en voz baja con una sonrisa
-¿Quién se jodera?- pregunto la niña sin voltearse aun
-¿por que tendría que importarte?- contra ataco ella de mala gana, le apestaba la gente entrometida.
- me importa todo lo que ocurra aquí- fue ahí cuando la miro directo a los ojos, tenia los pómulos muy marcados, una cabellera larga, rubia y algo ondulada, y unos ojos… esos ojos!. Eran de un verde profundo, pero se veían sin vitalidad alguna, opacos y fríos. Casi intimidaban a ágata:
-ah, ¿si?..., y ¿Por qué?, si puedo saber claro- dijo mientras se sentaba sobre su catre
-porque esta es mi casa, y como dueña de casa que soy debo saber todo lo que aquí ocurre, ¿no crees?- paseaba su vista por la habitación, como hablándole a nada en especial.
-eh, por supuesto…si…- titubeaba un poco, y se sintió tonta al hacerlo. Esa niña la perturbaba un tanto, así que prefirió salir de la habitación. Cuando se iba retirando la “dueña de casa” agrego:
- has ensuciado mi casa…, eso es feo, ¿sabes?- comenzó con pequeños sollozos- no te imaginas cuanto me cuesta limpiar todo, y llegas tu a ensuciar mi arduo trabajo… ¡arpía!- chillo mientras se ahogaba con su llanto- ¡Arpía!¡arpía!¡arpía! ¡ARPIAAAAAAA!
-cálmate… vendrá una enfermera…y…, ¡cállate!- se acerco a taparle la boca, pero la joven la repelió a punta de rasguños. En eso apareció la infaltable enfermera:
-¡niñas, sepárense!- se metió entremedio de las dos. La joven con cabellera rubia se dio media vuelta indiferente, como si nada hubiese pasado. Ágata en tanto se veía confundida.
- a ustedes que les pasa…, ven ágata- y la cogio por el brazo
-pero… no he hecho nada…- protesto con fuerza.
-solo sígueme – se acerco para susurrarle al oído – es lo mejor que puedes hacer… comprenderás que ella es diferente a ti, no le gusta que la perturben cuando mira “su” peral.
- ¿Qué ve en el tan importante?- consulto con tono de inseguridad fingida
- no lo se, supongo que sueños e ilusiones… alucina… comprenderás que su enfermedad es así…
-¿es enfermedad soñar?
- no me refería a eso pequeña
- ¿entonces a que?
- eres muy curiosa…
-¿esquiva las balas tan bien como las preguntas?
- nunca lo he probado- y rió nerviosamente – ahora procura no volver a entrar a la habitación…, tendremos que medicar a Alicia.
Y la enfermera entro de nuevo con su “armita” en la mano.
-que cómica situación… y que peculiar muchacha.- se dijo para sus adentros mientras salía al ante jardín – que cómica situación…


Esto se lee bien, pasen por mi blog también...
Saludos