domingo, 16 de diciembre de 2007
VI
Salió de su "acogedora" habitación y caminó por los interiores del hospital psiquiátrico.
Encontró un baño en estado deplorable, habitaciones por montones (todas bastante estrechas por cierto), una pequeña recepción de invitados bastante descuidada (por el hecho que nadie pensaba en ir de visita a un manicomio).
Mientras vagaba por los pasillos escuchó desde un lugar no muy distante una melodía que le pareció graciosa. La siguió y la condujo a la habitación en donde estaba un anciano de unos 50 años de rasgos finos y rostro arrugado. Sus pupilas estaban dilatadas, parecían estar en otra dimensión. Se sentó a los pies de la cama en donde estaba postrado este hombre y se quedó escuchando esa melodía. No era muy larga, era de aproximadamente unos tres minutos, pero en ese breve lapso de tiempo le provocaba muchas cosas en su interior. Guiada por la curiosidad le preguntó al abuelo “¿Quién es?”, a lo que le respondió casi por inercia “Beethoven”. “Vaya quién haya sido este Beethoven, realmente era bueno”, dijo en tono amigable la pequeña. “Por supuesto que lo fue, era el mejor de su época. Impuso una nueva manera de componer música, cambió todos los esquemas que existían. Es por eso que lo recordamos hasta el día de hoy, por que vio más allá de lo que había, y adivina qué, no estamos tan alejados de él como parece, él también era tratado de loco como muchos que estamos acá adentro. Aparte era discriminado por tener sífilis. Creo que eso fue la base de todo, la enfermedad le cambio la mente, la visión del mundo. Aunque de ves en cuando tenía sus crisis de pánico, pero a un genio se le puede perdonar todo por el sólo hecho de ser genio”. La niña quedó reflexionando sobre aquello que le dijo el abuelo, algo le llamó la atención sin saber por qué. El hombre al ver el semblante de la pequeña le preguntó el nombre, pero ella no quiso responder. Se puso de pie y salió de la habitación. Algo extraño le había hecho ese tal Beethoven, sea lo que hubiese sido era completamente extraño para ella. Dentro de sí sintió una leve sensación de calor maternal inexplicable, se sintió como un bebé indefenso en ese momento, no sabía que hacer así que corrió hasta llegar al comedor en donde la enfermera que había visto anteriormente le dijo que la estaba esperando hace un tiempo ya, que el té se le estaba enfriando y el pan poniendo duro. Al terminar de decir esto la pequeña abrazó a esa mujer que emanaba olor a medicinas para locos. Extrañada ella, le correspondió el abrazo, la tomó en sus brazos e intentó darle palabras de aliento “No te preocupes, todo estará bien, yo te cuidaré y no voy a dejar que nada malo te pase. Te lo prometo”. Al momento de oír esas últimas palabras la niña se indignó. Botó el té que tenía sobre una pequeña mesa y el pan lo molió con sus débiles manos. Al terminar el acto se lanzó al suelo a lanzar horrorosos gritos. La enfermera sacó ágilmente una jeringa que traía en su bolsillo para estas ocasiones e inyectó a la infante en uno de sus brazos. Su rostro de dulzura se había tornado serio nuevamente y le susurró al oído a la niña “Te dije que no intervinieras en lo mío si querías seguir con vida, pequeña mocosa”. Tomó el cuerpo inconsciente y lo llevó hasta su catre en donde la vistió con ropas nocturnas y la acostó.
 
Expulsado porAmanda~Pajarandina at 22:59 ¤ Permalink ¤


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