miércoles, 26 de diciembre de 2007
VIII
Se sentó en una silla que la dejaba frente a ella y le miró a los ojos hasta esperar alguna pregunta de parte de su hermana mayor, la que no tardaría mucho en hacerse.
-Estás bien aquí?, no quieres que te lleve denuevo a tu casa?
-A tu casa?, no te preocupes que ahora tengo la mía propia.
-Vaya!, estás hablando mucho ahora, antes no me respondías con más que un movimiento de cabeza.
-Tengo mis motivos para hablar.
-Y antes no los tenías?
-Quieres que te responda?
Se miraron fijamente a los ojos, Ágata esperaba el más mínimo descuido de ella para contratacarla pero Isabela sólo enmudeció.
-Me lo esperaba de ella, nisiquiera sabe por qué está aquí ahora-
Isabela se puso de pie y se acercó a la pequeña tomándole ambas manos.
-En algún momento me entenderás.
Le entregó un paquete con heroína y se fue sin mirar atrás.
Ágata lo guardó en sus ropas interiores y se dirigió al patio del manicomio.
Afuera vió un lugar lleno de colores cafés y negros, nada verde crecía en esa tierra.
Vaya, que descuidado está un lugarcito tan bello como este y recordó aquellos días enteros mirando por su ventana hacia el exterior. Siempre estuvo verde el pasto, los árboles frondosos de tantas hojas y acá sólo había algo de paja y unos árboles con nada más que ramas.
A lo lejos se veía un árbol algo peculiar que le llamó la atención y se dispuso a ir a él. Se subió con dificultad a la parte más alta de este y miró a los alrrededores.
-Una fábrica junto a un manicomio?!, qué demonios hace esa cosa junto a mi templo?, esto realmente me ha indignado debo hacer algo al respecto estamos siendo contaminados con su dióxido de carbono y quizás cuántos químicos más
-Lleva un par de años ahí- dijo el anciano con el que había entablado una leve conversación en el desayuno.
-Fábrica de qué es?
-Dicen que de cajas
-Existe eso?
-Estás viendo lo mismo que yo, no?
-y qué hacen allí?
-no te dije que era una fábrica de cajas?
-Pero es que no lo parece...
Lejos de parecer una inocente planta de fabricación de cajas parecía una especie de central nuclear. Era definitivamente demasiado voluptiosa y llamativa como para unos trozos de cartón.
-Ágata, no importa lo que hagan, simplemente está ahí. Admirala, no importa lo que hagan.
-Usted no tiene curiosidad?
-Si, pero no por eso hay que dejarse dejarme llevar por esta. La cosa es que la fábrica está. Tal vés nisiquiera sea de cajas ¡Qué más da! seamos felices sabiendo lo que tenemos en nuestras mentes.
-Eso tiene bastante sentido
-Pequeña Ágata, no todo debe tener un sentido...
Claro, no debía significar nada el que su hermana le hubiese dado ese paquete de drogas, simplemente sucedió. De todos modos el pecado no está en tenerlo, sino en drogarse y aún así, el verdadero pecado está en que el resto sepa que me he drogado. Pero no lo haré. No es que no me guste "pecar", nisiquiera tengo una religión como para que me diga eso, o al menos aun no...
-Gracias señor... eh, nunca me ha dicho su nombre
-Cassiel, mi nombre es Cassiel.
-Creo que no nos hemos presentado aún, mi nombre es Ágata y estoy aquí por lo mismo que usted y no es porque me crean loca.
-Me alegra el oír eso, pequeña aprendiz.Espero estés un largo tiempo con nosotros, hay mucho que debes saber y decir.
-Tengo miedo a hablar.
-No te preocupes, estás entre los nuestros, si estuvieras afuera y hablaras te traerían aquí. Este es el mejor lugar para decir verdades.
La pequeña la miró con admiración y le abrazó.
-Muchas gracias.
-No pequeña, no hay nada de que agradecer, aún no...
 
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jueves, 20 de diciembre de 2007
VII
Para cuando despertó no recordaba nada. Trató de abrir los ojos, pero se sintió muy mareada:
-¿Dónde estoy? ¿Quien soy? ¿Quién más esta aquí?...-pensaba en esos desesperantes segundos- contéstate eso y estamos al otro lado…
No había pasado ni un minuto cuando irrumpió de golpe la enfermera de turno:
-A despertarse, su desayuno las espera!!- grito con un tono que hubiese energizado a cualquiera. Recién ahí ágata recordó todo lo sucedido anteriormente:
-uff, que obvio…como no caí antes- se dio una palmada en la frente.
La revisaron para ver su estado, estaba un poco aletargada por la droga inyectada la noche anterior, pero aparte de eso estaba bien. Quiso hacerse la desentendida con la enfermera que la llevaba a lavarse:
-señorita… me duele mi bracito- la tipa la miro de reojo y vio que le hacia pucheritos.
-es normal pequeña…, no te preocupes-
-¿que es lo normal para usted?-
-¿por que me preguntas eso?-
-pues porque para mí no es normal que una parte de mi cuerpo este medio amoratado, que me duela, y que no recuerde lo que pasó anoche…-
-bueno, después de un tiempo aquí tu visión de normalidad cambiara- contestó con una sonrisa- solo será cuestión de costumbre- y la metió al baño.
Quedo pensando en lo que le dijo ella un buen rato, tenia razón…en su jerga claro, pues nunca había creído en la normalidad como algo verdadero.
Ya eran las 8 de la mañana y todos estaban sentados en una larga mesa, el mismo anciano que le había explicado la vida de ese tal Beethoven la saludaba desde un extremo de la misma:
- vaya, ya has hecho un amigo – le comentaba la enfermera que la seguía a todos lados.
- No, yo no tengo amigos-
- Pues aquí no te harían nada de mal- le dio un empujoncito- ve a sentarte con el, quizás tiene una que otra historia que te interesara…
Termino yendo por mera curiosidad. El anciano sacó el abrigo de chiporro que había en el asiento dejándoselo libre, esta vez el hombre se veía mas en nuestro mundo, no paraba de sonreírle y esto incomodaba a Ágata. Se sentó y tomó su desayuno esperando que el tipo le hablara, cosa que no sucedió, así que partió ella (tenia que conocer debilidades ¿no?):
-disculpe ¿Por qué sonríe tanto?-
-¿y por que no hacerlo pequeña ágata?- le contesto al instante luciendo con mas orgullo sus piezas dentales. La niña se sorprendió un poco, no recordaba haberle dicho su nombre, pero ya habría tiempo para averiguarlo después.
-No lo sé… es raro ver a una persona sonriendo aquí- y como para asegurarse dio un vistazo rápido por la habitación. Algunos reían, pero no sanamente como el caballero.
-hay cosas raras que solo son, la rareza generalmente no tiene explicación-
-¿qué es la rareza para usted, señor?- quería llegar a ese punto.
-una cosa maravillosa…algo que solo pocos admiran y comprenden, algo que es mal visto por gente que se cree “normal”- ensancho mas la sonrisa y casi susurrándole dijo: algo que me gusta, y tal vez por eso me gustas tu. La niña no se inmuto siquiera:
-¿le parezco rara?-
-creo que todos los que estamos aquí somos raros a nuestra manera-
-¿Por qué esta aquí usted?- quería saber, quería tocar al viejo en algún punto de sus sensibilidad.
-Por mi propia cuenta-
-¿Cómo es eso?- comprendía perfectamente a lo que se refería, pues ella también había elegido estar ahí, pero quería escucharlo de su boca para sentirse complacida.
-¿que no entiendes?, el destino esta en las manos de cada uno, yo decidí que mi destino se desarrollara aquí, creo que hay mucho mas que ver y aprender en un lugar como este en comparación con el monótono mundo- termino de tomar su té y lo que le quedaba de pan- creo que tu lo sabes mejor que yo… hablaremos luego, tengo que hacer mis cosas.
Se paró y se fue por un pasillo que daba al patio. Ágata en tanto quiso tomar su té, pero se dio cuenta que estaba frío -no importa ya- lo tomo de un sorbo y dejo el pan ahí, se paró y partió por el pasillo contrario al que se había ido el viejo.
Mientras caminaba pensaba en la conversación reciente -ese hombre se ve bastante cuerdo, no logro entender que hace aquí y por que sonríe tanto- . Se sentía un poco cansada así que se sentó en el piso apoyada en la pared “creo que tu lo sabes mejor que yo…” claro que sabia que el mejor lugar para aprender era un manicomio, pero ella era la que debía interpretar.¿ Por que hablaba y respondía tal como lo habría hecho ella?, ¿por que la acosaba con la vista?, le clavaba en las pupilas. Se sentía expuesta y en un nuevo arrebato comenzó a gritar.
Al rato estaba en una pequeña sala con una enfermera y un vaso de agua a la mitad en frente:
- ¿usted ve el vaso medio lleno, o medio vacío?- le pregunto a la enfermera en su tono adormecido.
- Mejor deja de fijarte en eso y tómatelo- le contesto esta en un tono afable.
- Quiero que me conteste, después me lo tomare con gusto-
- Esta bien… veamos- tomo el vaso – lo veo medio vacío, ¿que tiene?- ágata sonrió.
- Nada, no tiene nada- se lo quito de las manos y se lo tomo entero- ¿así que depresión, amiga?
- Tu ¿como sabes eso?- parecía consternada.
- Me lo acaba de decir, y ahora confirmar-miraba el vaso vacío con especial cuidado, como si le tuviera una sorpresa o algo por el estilo. En eso entró otra joven enfermera de aspecto hiperactivo:
- Ágata, tienes visita- dijo mientras le tomaba un brazo y le ayudaba a pararse
- ¿Quién es?- pregunto esta sin soltar el vaso
- Creo que tu hermana-
- Já, ¿esta drogada?- tenia una sonrisa burlona que se acentuaba con sus dilatadas pupilas y sus torpes pasos
- ¿Por qué dices eso?
- Porque sobria nunca me vendría a ver-
La enfermera no le contesto y se la llevo por el largo de una habitación que convergía en la sala de espera, ahí estaba su hermana, con el pelo suelto, la cartera entre las manos y esa maldita manía de mover la pierna cuando estaba “nerviosa”.
-voy sola, no se preocupe – decía mientras se sacaba la molesta mano de la enfermera de su cintura.
-¿segura que puedes?-
-claro, descuide- y emprendió su camino sola.
 
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domingo, 16 de diciembre de 2007
VI
Salió de su "acogedora" habitación y caminó por los interiores del hospital psiquiátrico.
Encontró un baño en estado deplorable, habitaciones por montones (todas bastante estrechas por cierto), una pequeña recepción de invitados bastante descuidada (por el hecho que nadie pensaba en ir de visita a un manicomio).
Mientras vagaba por los pasillos escuchó desde un lugar no muy distante una melodía que le pareció graciosa. La siguió y la condujo a la habitación en donde estaba un anciano de unos 50 años de rasgos finos y rostro arrugado. Sus pupilas estaban dilatadas, parecían estar en otra dimensión. Se sentó a los pies de la cama en donde estaba postrado este hombre y se quedó escuchando esa melodía. No era muy larga, era de aproximadamente unos tres minutos, pero en ese breve lapso de tiempo le provocaba muchas cosas en su interior. Guiada por la curiosidad le preguntó al abuelo “¿Quién es?”, a lo que le respondió casi por inercia “Beethoven”. “Vaya quién haya sido este Beethoven, realmente era bueno”, dijo en tono amigable la pequeña. “Por supuesto que lo fue, era el mejor de su época. Impuso una nueva manera de componer música, cambió todos los esquemas que existían. Es por eso que lo recordamos hasta el día de hoy, por que vio más allá de lo que había, y adivina qué, no estamos tan alejados de él como parece, él también era tratado de loco como muchos que estamos acá adentro. Aparte era discriminado por tener sífilis. Creo que eso fue la base de todo, la enfermedad le cambio la mente, la visión del mundo. Aunque de ves en cuando tenía sus crisis de pánico, pero a un genio se le puede perdonar todo por el sólo hecho de ser genio”. La niña quedó reflexionando sobre aquello que le dijo el abuelo, algo le llamó la atención sin saber por qué. El hombre al ver el semblante de la pequeña le preguntó el nombre, pero ella no quiso responder. Se puso de pie y salió de la habitación. Algo extraño le había hecho ese tal Beethoven, sea lo que hubiese sido era completamente extraño para ella. Dentro de sí sintió una leve sensación de calor maternal inexplicable, se sintió como un bebé indefenso en ese momento, no sabía que hacer así que corrió hasta llegar al comedor en donde la enfermera que había visto anteriormente le dijo que la estaba esperando hace un tiempo ya, que el té se le estaba enfriando y el pan poniendo duro. Al terminar de decir esto la pequeña abrazó a esa mujer que emanaba olor a medicinas para locos. Extrañada ella, le correspondió el abrazo, la tomó en sus brazos e intentó darle palabras de aliento “No te preocupes, todo estará bien, yo te cuidaré y no voy a dejar que nada malo te pase. Te lo prometo”. Al momento de oír esas últimas palabras la niña se indignó. Botó el té que tenía sobre una pequeña mesa y el pan lo molió con sus débiles manos. Al terminar el acto se lanzó al suelo a lanzar horrorosos gritos. La enfermera sacó ágilmente una jeringa que traía en su bolsillo para estas ocasiones e inyectó a la infante en uno de sus brazos. Su rostro de dulzura se había tornado serio nuevamente y le susurró al oído a la niña “Te dije que no intervinieras en lo mío si querías seguir con vida, pequeña mocosa”. Tomó el cuerpo inconsciente y lo llevó hasta su catre en donde la vistió con ropas nocturnas y la acostó.
 
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jueves, 13 de diciembre de 2007
V
La habitación tenía alrededor de 4 camas de fierro desgastado, colmadas de ese olor insaciable a diazepam o benzodiazepina, esas drogas sedantes que te meten dentro con un vasito de agua sin mayor dolor.
En 3 de las camas había niñas de su edad, una acostada boca arriba mirando el techo, otra siendo atendida por una enfermera ya que le habían dado ataques convulsivos y la ultima tenia amarradas ambas manos a la cama. Las miraba indiferente:
-están así por que se lo buscaron- decía para sus adentros.
-si te portas bien no tendremos que recurrir a eso- le comentaba la enfermera mientras ordenaba su cama –ellas han sido niñas revoltosas- esbozo una sonrisa cínica en su grado máximo.
- me habla como si no supiera donde estoy…- no la miraba, pero sabia exactamente que cara pondría – conozco las reglas de lugares así, y también se que ese tonito amigable de su voz se esfumara en un par de días…- sonrió - pero si gusta podemos jugar este juego de a dos.
La enfermera no respondió, se limito a estirar las sabanas y dejar las maletas de la niña bajo la cama, como si no la hubiese escuchado. Solo cuando se iba yendo volteo un instante:
-podríamos llegar a ser buenas amigas pequeña, no interfieras en lo mío, y será todo color de rosa…- no la dejo terminar
- no me gusta el rosa, ¿sabe?- agrego con ese tono sarcástico- me produce algo así como repulsión...- puso cara de aburrimiento- mi vida siempre ha estado exenta de acción, pero sinceramente espero que aquí cambie- soltó una carcajada fúnebre- gracias por hacer la cama, ahora si me permite, estoy cansada- subió a su catre y simulo arreglarse para dormir, espero a que se fueran todas las enfermeras de la habitación para ponerse de pie nuevamente.
Se fue paseando cama por cama para ver que padecía cada una, la que había tenido los ataques espasmódicos sufría de esquizofrenia, y deliraba a cada instante. La otra que miraba fijamente el techo: depresión endógena y la que estaba amarrada: ansiedad de pánico, lloraba silenciosamente, temerosa de una muerte imaginaria:
-excelente, mentes manipulables- al final de la habitación había una ventana y del otro lado un peral bien nutrido – ¿pueden ser tan imbéciles de poner un árbol junto una ventana?, tiene un cartel que dice “fúgate por aquí”… eso deberá cambiar, necesito esta gente, no me sirve fugada- estaba en estos razonamientos internos cuando entra la enfermera nuevamente. No hizo ruido alguno, pues su intención no era regañar ni asustar a ágata, se acerco suavemente por sus espaldas:
-ágata…-
-Ya voy, aunque igual no tengo hambre, sabes?
- Tu…Como sabes que venia a avisarte sobre la once…?- la miraba desentendida
- pues la gente puede ser muy predecible- se retracto un poco, y prefirió confundirla- aparte el sol se esta poniendo, siempre tomo once a esta hora
-ah, pues claro… me asustaste pequeña – exhalo un pequeño suspiro de alivio- vamos entonces, se mueren por conocer a alguien tan encantadora como tu-
- de acuerdo, pero deja ponerme algo lindo, ¿ya?- se obligo a poner ese tono vanidoso que supuestamente le corresponde a las tipas de su edad y al parecer contento a su interlocutora, pues esta se dio media vuelta y salio de la habitación.
-aquí estamos… solo debo mover las piezas correctas y todo saldrá a la perfección.
Se puso un chaleco mas o menos decente, y salio de la habitación rumbo al comedor.
 
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IV
Abrió los ojos y estaba parada junto la ventana de todos los días.
Había dormido de pie esperando a que llegase lo que anhelaba hace tanto tiempo por ahí. Que la rescatasen. Pero siempre aparecía su hermana por la puerta llevándola a lo contrairo de lo que quería. La arrastraba para el lado de los humanos, no al que ella había forjado por tanto tiempo ya. Si, 13 años eran poco para muchos pero no fueron 13 años de estupidez humana fueron grandiosos años de aprendizaje, de adquirir sabiduría. Aunque evidentemente se le habían olvidado sya muchas costumbres normales como mirar a los ojos cuando se habla, o al ver a alguien con frío tenderle una manta, pero de eso se encargaría ya luego. Vendría una nueva etapa en el manicomio que la había inscrito su hermana.-Se ha vuelto predecible su forma de actuar, ya 13 años con ella me han servido para saber incluso lo que hará en el futuro, pero no desperdiciaré mi tiempo en ella, hay cosas más importantes por ahora-. Debía pensar en que careta tomar para el día en que estuviese cara a cara con el psiquiatra.
-Definitivamente si quiero permanecer ahí debo tener una actitud "Loca", pero no imcomprensible, presisamente lo que quiero es traerlo a mi lado, a nustro lado-.
Siempre pensó que los psiquiatras podían ser un gran aporte a su comunidad, pero se desperdiciaban con su profesión. Perdían el objetivo de sus vidas, se volvía solamente una rutina más que cumplir. Perdían toda felicidad que les rodiara.
Esa era su misión, pensaba ella, el concientizar a quienes están sobre esta tierra. Que entiendan de una ves que la arma más poderosa e inutil que hay es la estupidez.
Así es que pensó lo muy interesados que estaban los psiquiatras con alguien que pareciera superior que ellos, y que tuviera fundamentos en sus creencias.
-Sí le digo que vengo de otro planeta y le justifico la forma en que llegué acá y oculto mi pasado diciendo que es información confidencial, no habrá problema inicialmente. De todos modos ellos creen lo que quieren creer, yo sólo soy la encargada de mostrarle las posibilidades-.
Sus pensamientos se interrumpieron abruptamente con un "Vendrá mi hermana a la habitación", al terminar de decirse esto la puerta se abrió y la hermana le miraba con cierto desconcierto.Estás lista, Ágata?. Respondió de la manera en que solía hacerlo. Sin decir ni hacer nada. Y sabía que su hermana tomaba esto como una afirmación, es más podría incluso decir que no y su hemana de todos modos la llevaría, así que no había necesidad de palabras.
La tomó del brazo con delicadeza y la acompañó a su auto. La sentó en el asiento trasero mientras ordenaba un par de maletas con cosa básicas para su estadía (De hecho guardó todas y cada una de las cosas de la niña, a estas alturas no quería saber ya más de ella).
-Este es el comienzo. Adiós ventana querida, espérame intacta, porque volveré algún día por tí, por las esperanzas que me has dado hasta el día de hoy, por la sabiduría que me has brindado. Espérame...-
Y su hermana entró, hizo contacto con las llaves e hizo partir el vehículo.
-Iremos derecho por esta avenida, se detendrá en una bencinera, comprará cigarrillos, conversará con un tipo que estará afuera del local fumando y le dará su número telefónico. A la noche mi pieza estará ocupada con ellos dos sobre mi cama-.
Realmente le entretenía el saber lo que haría su hermana, le gustaba observar la estupidez humana, es más, la entendía, pero no la sentía dentro de sí.

Así fue el trayecto al manicomio, hicieron una parada, su hermana compró cigarros, se encontró con un hombre afuera y le dio su número de teléfono. Luego entró al automóvil y aumentó la velocidad para llegar luego al bendito lugar.
No tardaron mucho en llegar, cuando lo hicieron un par de enfermeras les esperaban en la entrada. Tomaron de la maño a Ágata y la acompañaron a la oficina del médico.
Sentía un ambiente completamente distinto, era algo que la conmovía, sentía un calor junto a su débil cuerpecito. Por primera ves vió el calor humano.
-En un tiempo más lo entenderé. El gusto por las caricias, los abrazos y los te quiero. Pero ahora viene lo más importante, la prueba de fuego-.
Y pasó por un pasillo que le recordó por un segundo a Isabela. Un día llegó a la casa con ese olor. Ya sabía que el momento se acercaba.
En esto una de las enfermeras golpeó una puerta, obteniendo por respuesta un "Adelante". Así es abrió y entró a la habitación.
Revisó unos papeles que tenía obre un desordenado escritorio y le dijo:
-Bienvenida, Ágata.
A lo que la pequeña no respondió con nada.
-Cuéntame, cómo llegaste hasta acá?
-Fue un proceso de un par de años, mi ventana me había preparado para esto.
-Y tu ventana te trajo hasta acá?
-Cree que las ventanas hablan hoy en día y además tienen pies para transportar a la gente? No, fue mi hermana Isabela. Quería deshacerse de mí. Le soy un estorbo dentro de sus planes.
-Por qué crees eso?
-Porque lo dice ella. Y yo lo creo así.
-Tú la quieres a ella?
Se quedó pensando esta pregunta... -¿La quería?, por supuesto que la quería. Era mi sustento. Sin ella no tendría un techo estable ni comida cada cuatro horas-. Pero no era eso a lo que se refería aquel hombre.
-Ágata, la quieres?
-Me da lo que necesito.
-Cómo te llevas con ella?
-Me llevo de la manera más favorable para ambas. Nuestra relación es muy especial. No nos hablamos pero sabemos muy bien lo que hará la otra. Yo sé que en este momento ella está aspirando heroína en su automóvil preparándose para esta noche, y ella sabe que yo estoy hablandole de ella a usted, aunque no le de importancia.
-Ella te obligó a venir aquí?
-No, yo la obligué a que ella quisiera traerme aquí. Y a usted doctor, quién lo obliga a estar aquí?
-No, a mi no me obligan. Yo estoy porque me gusta mi trabajo.
-Por qué decidió trabajar en ... -miró a su alrededor y prosiguió-, este lugar?
-Me gusta ayudar a la gente con sus problemas. Ellos saben que en mí encuentran una solución a lo que ellos preguntan.
-Y usted les da la respuesta?
-Les damos lo que necesitan.
-No ha respondido mi pregunta, doctor.
Y le miró con una sonrisa que convencía a todo quien la viera.
-Eres un encanto. Ahora la señorita que te trajo hasta acá te va a mostrar tu nueva pieza. Vas a estar acompañada de mucha gente ahí. No estarás nunca más sola.
-Un poco de gente sabia no me haría mal-. Así es que la enfermera la tomó de la mano y la dirigió a lo que sería su nuevo hogar.
 
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miércoles, 12 de diciembre de 2007
III
La pequeña y lánguida niña debió haber tenido unos 13 años, pero sin lugar a dudas se veía menor… su cadavérico rostro denotaba varias caídas que no habían sido levantadas. Es hermana de la Srta. Rodríguez, a quien ahora podemos llamar Isabela, hijas de la misma madre, distinto padre, el progenitor de la pequeña era alcohólico, vaya a saber uno de su suerte hoy por hoy, la abandono apenas se entero de su existencia.
El padre de Isabela…un buen hombre, decía su madre, tenia sus mañas (ay que mañas, llegar a las 11 de la noche cuando sales del trabajo a las 7, con olor a otra hembra) pero la mujer lo soportaba, era el único sustento para la familia, y al final cuando no se ve otra salida se acepta lo que se tiene. Lamentablemente la lujuria le jugo en contra ya que murió de sífilis cuando Isabela tenia 5 años apenas (al menos le dejo un dinero que nunca esta de mas) su madre también se contagio, pero nunca paso a mayores. El segundo amorío de la madre de las jóvenes hizo su debut y despedida casi al mismo tiempo, Isabela nunca se explico que le vio a ese tipo. Ya tenía 10 años, un criterio algo formado para aplicar sus juicios.
Al tiempo de saber que había quedado embarazada de ágata (así se llama la pequeña) se lo contó a su “pareja” quien solo le volteo la espalda y se perdió en su alcohólica vida, quedando sola una vez mas. Para que nos vamos a dar vuelta en lo siguiente, solo cabe decir que tuvo a ágata por parto normal, no vaticinaba nada malo o diferente en la salud de la pequeña, pero sabias tú que los disturbios mentales no se manifiestan como se presenta un resfrío, no tiene síntomas, solo consecuencias. Fue eso lo que le paso a Ágata, mas aun en un ambiente tan disgregado como el que encerraba ese hogar, alcanzo a cumplir 4 años cuando su madre murió intoxicada, un accidente habría dicho cualquier “especialista” pero la verdad era obvia para Isabela, una mujer hecha y derecha con 15 años encima, su madre se había auto ejecutado, suicidado dicho menos decorosamente. Hace años venia tomando esas pastillas para la depresión –ponzoña de víbora le llamaba - y llego el día en que reventó, y reventó todo lo que la rodeaba. Fue en el minuto de sus pompas fúnebres cuando la mirada inocentona de ágata cambio, se enturbio… nunca lloro por su madre, según Isabela estaba muy pequeña para comprender, pero había algo mas: la sífilis que nunca se manifestó en su madre estaba calladita guardando lo mejor para la pequeña que se engendraba en sus entrañas… disturbios mentales era una de las mucha opciones que podía desarrollarse, al lado de la sordera o la ceguera era bastante aceptable, pues para eso existía tanto sicólogo ¿no?, pues no…
Se quedaron solas, una tía se fue a vivir con ellas, pero no duro mucho más, solo hasta que Isabela cumplió la mayoría de edad. Se postergo como profesional y todos sus sueños de un futuro se fueron por el baño, ahora con una pequeña responsabilidad de 7 años que tenia derecho a educarse.
Pero ágata no duro mucho mas en el colegio, pues lo ataque de pánico se hacían cada vez mas intensos, sus desordenes sicológicos no le dejaban disfrutar su infancia, así que se le postergo escolarmente, se le postro en esa habitación llena de tensión y su hermana tomaba cualquier trabajo que se le presentara…cualquiera.
Pasaba así sus días, frente a la ventana mirando nada en especial. Siempre estaba tan queda y apacible, no le daba mayores problemas a Isabela. Esta nunca se preocupo de cómo estaba, solo la alimentaba y le daba algunas comodidades básicas, las cuales agradecía con un vago asentimiento.
Sus crisis de pánico se habían reducido considerablemente, ya no temblaba, ni lloraba silenciosamente sin mayor razón, parecía ir mejor, solo parecía.
Fue cuando cumplió 10 años la vez que resurgieron los ataques, pero de mayor envergadura. Ya no eran en silencio, ahora los gritaba…literalmente. Isabela se preocupo la justa medida en la que se preocupan las hermanas mayores y la llevo a un sicólogo con sus pocos recursos. El diagnostico… pues dijo algo así como que era la manera en la que se desahogaba (wow, que novedad) pero que le podía dar unos medicamentos para que disminuyera, la respuesta fue obvia, un no rotundo, pues pastillas como esas mataron a su madre. Busco otras maneras, pues siendo sincera ya se convertía en un estorbo, y esos gritos terminaban estresándola a ella. Un día conversando con una amiga le recomendó un siquiatra:-UN LOQUERO!?- había sido su reacción, siempre tuvo cierto rencor con esos tipos, pero con el tiempo los vio como una salida fiable… hasta hoy que ya había firmado, y ahora su hermana gritando haya abajo:
-si, es lo mejor para las dos… es lo mejor- repetía mientras sacaba de su velador un papel con un polvo blanco, su medicina propia para tranquilizarse y olvidarse de todo un ratito.
 
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martes, 11 de diciembre de 2007
II
Intentó retrasar la llegada a su hogar.
En el camino se detuvo un par de veces en uno que otro negocio para comprar cosas innecesarias. Llamó a una que otra amiga desde su automóvil y escuchó la única radio que sonaba siempre en su auto. Esta ves más que despejarle la mente, la tensionó más.
No quería pensar en como decirle, sólo quería evitar lo máximo posible todo.
Pero lentamente comenzaba a caer la noche de esos helados días de invierno y su vestimenta no era precisamente la adecuada para esas temperaturas, así es que se decidió por ir finalmente a la casa.
Se dirigió lo más rápido posible para evitar premeditar las palabras que diría -todo debe ser momentaneo, le miraré a los ojos y sabré que decirle- pensaba.

Llegó al destino final, se detuvo frente a esa puerta de madera antigua, tomó aire y entró a la casa.
-hola, hay alguien?- sabía que debía aparentar como si fuera un día cualquiera para no levantar sospechas. No hubo respuesta.
Dejó en un sillón su incómoda cartera, se quitó los zapatos y caminó por las escaleras en busca de ella. Sus manos sudaban, experimentaba extrañamente una ansiedad enorme.
Sus pies estaban húmedos y se pegaban al piso de cerámica, como no dejandole seguir avanzando. Caminó apresuradamente hasta su dormitorio.
Ahí estaba, sola como siempre, con su cabellera larga color negro y su débil cuerpo, mirando por la ventana sin inmutarse con su llegada.
-Cómo estás?- dijo en tono tono afable.
Se quedó en la entrada esperando una respuesta a la pregunta, o al menos creyendo eso. Debió haber sido otra de sus escusas para evitar afrontar sus miedos.
-Hoy te ves bien, mejor a como estabas ayer.
La niña asintió levemente con la cabeza.
-Fui al médico hoy... dice que quiere verte, asi es que mañana temprano iremos con él. Y sin mayores palabras salió apresuradamente de la habitación.
llevó sus manos a su rostro y cayeron unas forzadas lágrimas, cuando sintió un ruido estrepitoso del interior de la habitación.
Abrió la puerta y no estaba. Se había caído por la ventana.
Bajó corriendo la escalera, pero sus pies húmedos no le facilitaron la tarea, se resvaló en medio del pasillo cayendo al suelo y doblandose el pie izquierdo. Se puso de pie rápidamente y se dirigió al patio. Ahí yacía ella, de pie mirando el cielo sin ningún rastro de la caída. Se acercó cuidadosamente a ella para examinarla cuando la niña rompió el silencio con un grito aterrador.
La Sra.Rodríguez no halló nada mejor que dejarla en el patio sola con sus gritos e ir a recostarse.- en algún momento se le pasará, siempre es lo mismo-.
 
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