jueves, 13 de diciembre de 2007
V
La habitación tenía alrededor de 4 camas de fierro desgastado, colmadas de ese olor insaciable a diazepam o benzodiazepina, esas drogas sedantes que te meten dentro con un vasito de agua sin mayor dolor.
En 3 de las camas había niñas de su edad, una acostada boca arriba mirando el techo, otra siendo atendida por una enfermera ya que le habían dado ataques convulsivos y la ultima tenia amarradas ambas manos a la cama. Las miraba indiferente:
-están así por que se lo buscaron- decía para sus adentros.
-si te portas bien no tendremos que recurrir a eso- le comentaba la enfermera mientras ordenaba su cama –ellas han sido niñas revoltosas- esbozo una sonrisa cínica en su grado máximo.
- me habla como si no supiera donde estoy…- no la miraba, pero sabia exactamente que cara pondría – conozco las reglas de lugares así, y también se que ese tonito amigable de su voz se esfumara en un par de días…- sonrió - pero si gusta podemos jugar este juego de a dos.
La enfermera no respondió, se limito a estirar las sabanas y dejar las maletas de la niña bajo la cama, como si no la hubiese escuchado. Solo cuando se iba yendo volteo un instante:
-podríamos llegar a ser buenas amigas pequeña, no interfieras en lo mío, y será todo color de rosa…- no la dejo terminar
- no me gusta el rosa, ¿sabe?- agrego con ese tono sarcástico- me produce algo así como repulsión...- puso cara de aburrimiento- mi vida siempre ha estado exenta de acción, pero sinceramente espero que aquí cambie- soltó una carcajada fúnebre- gracias por hacer la cama, ahora si me permite, estoy cansada- subió a su catre y simulo arreglarse para dormir, espero a que se fueran todas las enfermeras de la habitación para ponerse de pie nuevamente.
Se fue paseando cama por cama para ver que padecía cada una, la que había tenido los ataques espasmódicos sufría de esquizofrenia, y deliraba a cada instante. La otra que miraba fijamente el techo: depresión endógena y la que estaba amarrada: ansiedad de pánico, lloraba silenciosamente, temerosa de una muerte imaginaria:
-excelente, mentes manipulables- al final de la habitación había una ventana y del otro lado un peral bien nutrido – ¿pueden ser tan imbéciles de poner un árbol junto una ventana?, tiene un cartel que dice “fúgate por aquí”… eso deberá cambiar, necesito esta gente, no me sirve fugada- estaba en estos razonamientos internos cuando entra la enfermera nuevamente. No hizo ruido alguno, pues su intención no era regañar ni asustar a ágata, se acerco suavemente por sus espaldas:
-ágata…-
-Ya voy, aunque igual no tengo hambre, sabes?
- Tu…Como sabes que venia a avisarte sobre la once…?- la miraba desentendida
- pues la gente puede ser muy predecible- se retracto un poco, y prefirió confundirla- aparte el sol se esta poniendo, siempre tomo once a esta hora
-ah, pues claro… me asustaste pequeña – exhalo un pequeño suspiro de alivio- vamos entonces, se mueren por conocer a alguien tan encantadora como tu-
- de acuerdo, pero deja ponerme algo lindo, ¿ya?- se obligo a poner ese tono vanidoso que supuestamente le corresponde a las tipas de su edad y al parecer contento a su interlocutora, pues esta se dio media vuelta y salio de la habitación.
-aquí estamos… solo debo mover las piezas correctas y todo saldrá a la perfección.
Se puso un chaleco mas o menos decente, y salio de la habitación rumbo al comedor.
 
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