jueves, 20 de diciembre de 2007
VII
Para cuando despertó no recordaba nada. Trató de abrir los ojos, pero se sintió muy mareada:
-¿Dónde estoy? ¿Quien soy? ¿Quién más esta aquí?...-pensaba en esos desesperantes segundos- contéstate eso y estamos al otro lado…
No había pasado ni un minuto cuando irrumpió de golpe la enfermera de turno:
-A despertarse, su desayuno las espera!!- grito con un tono que hubiese energizado a cualquiera. Recién ahí ágata recordó todo lo sucedido anteriormente:
-uff, que obvio…como no caí antes- se dio una palmada en la frente.
La revisaron para ver su estado, estaba un poco aletargada por la droga inyectada la noche anterior, pero aparte de eso estaba bien. Quiso hacerse la desentendida con la enfermera que la llevaba a lavarse:
-señorita… me duele mi bracito- la tipa la miro de reojo y vio que le hacia pucheritos.
-es normal pequeña…, no te preocupes-
-¿que es lo normal para usted?-
-¿por que me preguntas eso?-
-pues porque para mí no es normal que una parte de mi cuerpo este medio amoratado, que me duela, y que no recuerde lo que pasó anoche…-
-bueno, después de un tiempo aquí tu visión de normalidad cambiara- contestó con una sonrisa- solo será cuestión de costumbre- y la metió al baño.
Quedo pensando en lo que le dijo ella un buen rato, tenia razón…en su jerga claro, pues nunca había creído en la normalidad como algo verdadero.
Ya eran las 8 de la mañana y todos estaban sentados en una larga mesa, el mismo anciano que le había explicado la vida de ese tal Beethoven la saludaba desde un extremo de la misma:
- vaya, ya has hecho un amigo – le comentaba la enfermera que la seguía a todos lados.
- No, yo no tengo amigos-
- Pues aquí no te harían nada de mal- le dio un empujoncito- ve a sentarte con el, quizás tiene una que otra historia que te interesara…
Termino yendo por mera curiosidad. El anciano sacó el abrigo de chiporro que había en el asiento dejándoselo libre, esta vez el hombre se veía mas en nuestro mundo, no paraba de sonreírle y esto incomodaba a Ágata. Se sentó y tomó su desayuno esperando que el tipo le hablara, cosa que no sucedió, así que partió ella (tenia que conocer debilidades ¿no?):
-disculpe ¿Por qué sonríe tanto?-
-¿y por que no hacerlo pequeña ágata?- le contesto al instante luciendo con mas orgullo sus piezas dentales. La niña se sorprendió un poco, no recordaba haberle dicho su nombre, pero ya habría tiempo para averiguarlo después.
-No lo sé… es raro ver a una persona sonriendo aquí- y como para asegurarse dio un vistazo rápido por la habitación. Algunos reían, pero no sanamente como el caballero.
-hay cosas raras que solo son, la rareza generalmente no tiene explicación-
-¿qué es la rareza para usted, señor?- quería llegar a ese punto.
-una cosa maravillosa…algo que solo pocos admiran y comprenden, algo que es mal visto por gente que se cree “normal”- ensancho mas la sonrisa y casi susurrándole dijo: algo que me gusta, y tal vez por eso me gustas tu. La niña no se inmuto siquiera:
-¿le parezco rara?-
-creo que todos los que estamos aquí somos raros a nuestra manera-
-¿Por qué esta aquí usted?- quería saber, quería tocar al viejo en algún punto de sus sensibilidad.
-Por mi propia cuenta-
-¿Cómo es eso?- comprendía perfectamente a lo que se refería, pues ella también había elegido estar ahí, pero quería escucharlo de su boca para sentirse complacida.
-¿que no entiendes?, el destino esta en las manos de cada uno, yo decidí que mi destino se desarrollara aquí, creo que hay mucho mas que ver y aprender en un lugar como este en comparación con el monótono mundo- termino de tomar su té y lo que le quedaba de pan- creo que tu lo sabes mejor que yo… hablaremos luego, tengo que hacer mis cosas.
Se paró y se fue por un pasillo que daba al patio. Ágata en tanto quiso tomar su té, pero se dio cuenta que estaba frío -no importa ya- lo tomo de un sorbo y dejo el pan ahí, se paró y partió por el pasillo contrario al que se había ido el viejo.
Mientras caminaba pensaba en la conversación reciente -ese hombre se ve bastante cuerdo, no logro entender que hace aquí y por que sonríe tanto- . Se sentía un poco cansada así que se sentó en el piso apoyada en la pared “creo que tu lo sabes mejor que yo…” claro que sabia que el mejor lugar para aprender era un manicomio, pero ella era la que debía interpretar.¿ Por que hablaba y respondía tal como lo habría hecho ella?, ¿por que la acosaba con la vista?, le clavaba en las pupilas. Se sentía expuesta y en un nuevo arrebato comenzó a gritar.
Al rato estaba en una pequeña sala con una enfermera y un vaso de agua a la mitad en frente:
- ¿usted ve el vaso medio lleno, o medio vacío?- le pregunto a la enfermera en su tono adormecido.
- Mejor deja de fijarte en eso y tómatelo- le contesto esta en un tono afable.
- Quiero que me conteste, después me lo tomare con gusto-
- Esta bien… veamos- tomo el vaso – lo veo medio vacío, ¿que tiene?- ágata sonrió.
- Nada, no tiene nada- se lo quito de las manos y se lo tomo entero- ¿así que depresión, amiga?
- Tu ¿como sabes eso?- parecía consternada.
- Me lo acaba de decir, y ahora confirmar-miraba el vaso vacío con especial cuidado, como si le tuviera una sorpresa o algo por el estilo. En eso entró otra joven enfermera de aspecto hiperactivo:
- Ágata, tienes visita- dijo mientras le tomaba un brazo y le ayudaba a pararse
- ¿Quién es?- pregunto esta sin soltar el vaso
- Creo que tu hermana-
- Já, ¿esta drogada?- tenia una sonrisa burlona que se acentuaba con sus dilatadas pupilas y sus torpes pasos
- ¿Por qué dices eso?
- Porque sobria nunca me vendría a ver-
La enfermera no le contesto y se la llevo por el largo de una habitación que convergía en la sala de espera, ahí estaba su hermana, con el pelo suelto, la cartera entre las manos y esa maldita manía de mover la pierna cuando estaba “nerviosa”.
-voy sola, no se preocupe – decía mientras se sacaba la molesta mano de la enfermera de su cintura.
-¿segura que puedes?-
-claro, descuide- y emprendió su camino sola.
 
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